24 de Octubre 2006 - Boletin en Chile Mi Patria
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1.- Segunda Asamblea General de Presidentes
y Delegados de Fenacanir
El Sábado 2 de Septiembre
Chile Mi Patria A.G. fue invitado a participar de
la Segunda Asamblea General de Presidentes y Delegados
de la Federación Nacional de Carabineros de Nombramiento
Institucional en Retiro “ Fenacanir” la cual se realizó
en el Circulo de Suboficiales de Carabineros en Retiro
“ Circar”, Santiago Centro.
En la oportunidad el Presidente
concurrió acompañado del Secretario Nacional, Director
de Suboficiales de Carabineros, Directora representante
de las Montepiadas y el Presidente de la Juventud
de Chile mi Patria.
Se expusieron en la Asamblea
los problemas que afectan al Personal en Retiro de
Carabineros de Chile e hicieron uso de la palabra
los siguientes expositores invitados:
SOM. Hector Saldias, Pdte.
de Fenacanir
GRAL. Jorge Contreras
Mella, de la Sub Secretaria de Carabineros
CRL. José Martínez Maureira,
de La Dirección de Previsión de Carabineros
GRAL. Rafael Villarroel Carmona, Presidente de Chile
Mi Patria A.G.
GRAL. Nelson Rodríguez
Guerrero, Presidente del Cuerpo de Generales de Carabineros.
De izquierda a Derecha:
Pdte. de Fenacanir, Pdte. de Chile mi Patria, Pdte.
del Cuerpo de Generales de Carabineros, Consejero
de Chile mi Patria (Séptima Región) SOM.(Carab)
Juan Rojas Rojas, Secretario Nacional Chile mi Patria
SOM.(FACH) Pedro Morales Aravena y Secretario Nacional
de Fenacanir y Director de Chile mi Patria SOM.
Benjamin Troncoso Castro.
Exposición de Chile Mi Patria.
Nuestro Presidente, en
síntesis, expuso en sistema Power Point, las Materias
relacionadas con el cumplimiento de las tareas indicadas
en nuestro
Boletín /1 del 15 de Marzo de 2006, entre las que
destacan la participación e integración de los Círculos
afiliados, el cumplimiento del registro nacional y
el plan de acción social a base de los convenios como
Adelco, Los Parques, Sky Airlines, Asesoría Jurídica
y Seguros.
También se refirió a la situación Nacional y particularmente
al escenario del Personal en Retiro, dando cuenta
de las gestiones realizadas ante las Autoridades de
los tres Poderes del Estado, detallando la audiencia
con la Sra. Ministra de Defensa Nacional
( Ver anexo Boletín / 2 del día 08 de Junio de 2006)
y el programa de actividades, a nivel de Regiones
a materializarse entre septiembre de 2006 y Enero
de 2007.
NOTICIAS MES DE
OCTUBRE / 2006
El día 05 de Octubre recién
pasado, nuestra Cámara Nacional fue invitada al Aniversario
de la confederación de las FF.AA. en Retiro, el que
en esta ocasión se realizó en la Plaza Sotomayor de
Valparaíso, frente al Monumento de los Héroes de Iquique,
de igual modo se celebró un nuevo Aniversario del
Combate Naval de Angamos, en el desfile participó
un destacamento Naval y miembros de las FF.AA. y de
Orden en retiro, la ceremonia fue presidida por el
Comandante en Jefe de la Primera Zona Naval, Contraalmirante
Gustavo Jordán Astaburuaga, posteriormente se realizó
un almuerzo de camaradería en el Museo Naval y Marítimo
(ex Esc.Naval) en dicho lugar Chile mi Patria entrego
su saludo y un presente recordatorio a la Confar a
través de nuestro Presidente y Directores.

Desfile del Personal en Retiro de la Defensa Nacional
en la Plaza Sotomayor

El Pdte. del Circulo Submarinistas
y Director de Chile Mi Patria, SOM. Juan canales,
Pdte.del Circulo Sangra, SOM. Isaias Vergara, Pdte.del
Circulo Luis A. Soto y Director de Chile Mi Patria,
SOM. Sócrates Salgado,Pdte.de Chile Mi Patria, GDD.
Rafael Villarroel, Pdte.de Fenacanir y Director de
Chile Mi Patria, SOM. Héctor Saldias.



Se finalizo con el almuerzo de camaraderia.
Directiva Nacional de Chile
mi Patria
Verdad histórica
y responsabilidades.
El Documento preparado
por Joaquín Lavín y dado a conocer por La Tercera
el pasado domingo 8 de octubre es de tal importancia
que nos permitimos enviar a su autor, a la directiva
de la Unión Demócrata Independiente, a los medios
de comunicación y a la opinión pública en general,
los siguientes comentarios, para que se pueda entablar
una discusión seria e informada sobre el tema que
aborda Lavín.
1. Su concepto de ideología.
A lo largo de su exposición
Joaquín Lavín insiste en tres oportunidades en que
fue la ideología lo que impidió ver “lo que muchos
veían y vivían” en Chile entre 1973 y 1990. Usa las
expresiones “virus del ideologismo excesivo” y “anteojeras
ideológicas”. En momento alguno el autor explica dos
cuestiones fundamentales: qué entiende por ideología
o por virus de ideologismo excesivo, y cuáles fueron
los contenidos de esa supuesta ideología que habría
cegado a los partidarios del Gobierno de las FFAA
y de Orden. Usa el término ideología sólo coloquialmente,
sin rigor alguno. Nada le habría costado buscar una
buena definición para comprobar si era eso o no lo
que quería afirmar, pero no lo hizo. Por eso, cuando
quiere describir contenidos de esa supuesta ideología,
sólo concreta respecto de un hecho: “mirarnos entre
nosotros no como compatriotas sino como enemigos,”
con lo que da la impresión de que en eso habría consistido
“la ideología”, “el virus del ideologismo excesivo”
de los partidarios del Gobierno de las FFAA y de Orden.
Ya que desconoce el sentido
y alcance del término ideología, Lavín no puede obviamente
distinguirlo del concepto doctrina. Esa es la razón
de fondo por la que no comprende que el Gobierno de
las FFAA y de Orden fue un régimen doctrinario, cuya
Declaración de Principios y cuyos Objetivos Nacionales
estaban rectamente fundados en una sólida concepción
de la persona humana y de su sociabilidad, así como
del bien común. Estas nociones son ajenas a todo ideologismo,
porque desde ellas caben variadas formas de concreción,
justamente a diferencia del pensar ideológico, en
que todo viene ya determinado de una vez y para siempre.
Precisamente en virtud
de esa doctrina, los partidarios del Gobierno de las
FFAA y de Orden fuimos y seguimos siendo necesariamente
antimarxistas y, en respuesta a su concepción degradante
del ser humano y a la guerra declarada por el marxismo
en Chile y en el mundo entero, lo hemos considerado
siempre enemigo de la Patria y de los chilenos. Fue
justamente por esa mirada doctrinaria al marxismo
como una amenaza totalitaria inminente para Chile,
que se lo combatió en todos los planos: intelectual,
militar, moral y cultural. Por eso, cuando algunos
cometieron abusos graves en ese combate, otras personas,
que tenían recta formación doctrinal y posiciones
de influencia, supieron levantar su voz, oportuna,
fundada y ponderadamente, para protestar por esos
abusos y exigir las rectificaciones debidas. Esas
personas, entre otros, fueron nada menos que Jaime
Guzmán E. y Hernán Larraín F., quienes movidos por
su recta formación doctrinal, superaron toda supuesta
anteojera ideológica. Lavín los ignora, no por maldad,
sino porque desconoce los instrumentos fundamentales
de análisis en la materia.
Por lo tanto, en este
aspecto, el texto carece de todo rigor, ya que utiliza
un concepto clave de la teoría política sin precisión
ni determinaciones, y sin hacer las adecuadas relaciones
con la Historia de Chile y con algunos actores decisivos
en ella.
2. Su concepción de la
Historia
El núcleo del documento
está ciertamente centrado en los comentarios históricos.
Tres consideraciones caben al respecto.
Ante todo, el extraño
interés que Lavín manifiesta ahora por la Historia,
después de que le oyéramos mil veces afirmar que lo
importante era mirar para adelante y no perder el
tiempo retomando una y otra vez los temas del pasado.
Mientras fue candidato, él sabía que la materia era
incómoda. Ahora, ¿la aborda sólo porque no corre riesgos
electorales?
Pero, mucho más importante
es ciertamente el contenido de sus afirmaciones concretas
sobre la Historia. Ellas, a su vez, se dividen en
dos grupos.
Primero, las de carácter
teórico. Al respecto, Lavín afirma que lo importante
es estar “en paz con la Historia”, que “la Historia,
con lo bueno y con lo malo, nadie puede hacerla de
nuevo; es lo que es”, que otros han demostrado habilidad
“para sacudirse del pasado”, que debe procurarse un
“sinceramiento con el pasado” y que se ha topado “con
el muro terco y a veces invisible de la historia que
nos dividió.”
Obsérvense las profundas
contradicciones que estas cinco afirmaciones encierran.
Por una parte Lavín nos dice que tenemos que ser sinceros
con el pasado, estar en paz y respetar la Historia,
porque nadie puede hacerla de nuevo; por otra parte,
él mismo quisiera sacudirse de ella y botar los muros
que hubo históricamente entre unos y otros chilenos.
¿Qué quiere Lavín efectivamente entonces? ¿Que se
siga haciendo el esfuerzo de investigación histórica
que desde todas las tendencias se concreta en libros
y artículos, o que nos olvidemos de ella para sacudirnos
y botar muros que nos dividieron, engañándonos al
aceptar una sola Historia oficial? O sinceridad en
la verdad o engaño en la falsa unidad de una mentira:
ese es el dilema que ni el propio Lavín es consciente
de estar planteando. Y no lo es porque, de nuevo,
carece de todo rigor en su sentido de la Historia.
Y, lo que es más delicado, legítimamente se podría
llegar a pensar que cuando Lavín reconozca esta contradicción,
quizás escoja lado y se incline a pensar que estar
en paz con la Historia es aceptar la versión marxista
que hoy tiende a imponerse.
Porque, efectivamente,
y como segundo aspecto sustantivo, hay en sus consideraciones
sobre el Gobierno de las FFAA y de Orden un conjunto
de supuestos que validan esa visión marxista. Es lo
que él llama el lado B del Gobierno Militar.
Subyace en todo su texto
la aceptación de las supuestas graves violaciones
a los derechos humanos por parte del Gobierno de las
FFAA y de Orden. Una afirmación muestra ese clima
mental de Lavín, cuando al comenzar su documento habla
de “la situación de derechos humanos que Chile vivía.”
Ahí, en la ambigüedad de esas palabras carentes de
toda precisión, se trasunta su aceptación de la versión
de la izquierda marxista. Porque Lavín nada nos dice
en concreto sobre los contornos de esa situación,
sobre sus números y casos, sobre sus causas y manifestaciones.
Obvio, porque al respecto,
Lavín parece creer íntegra la versión de los informes
Rettig y Valech, sin matices, sin descuentos, sin
contrastes, sin reservas. Lo menos que habría sido
dable esperar es que considerase como válidos muchos
de los fundados reparos a las metodologías, a los
grupos de trabajo y a las conclusiones de esos documentos
que formulamos numerosos historiadores. El problema
es que quizás no nos haya ni leído, porque cuando
una persona se pone mentalmente en un marco determinado,
lo dice el mismo Lavín, usa anteojeras. Por eso no
hay nada en su documento que pida rigor en el análisis
de los casos de derechos humanos, no hay ni un matiz,
ni mucho menos una sola muestra de desconfianza hacia
quienes en Chile han deformado la verdad interesadamente.
En concreto, Lavín hace
una afirmación falsa y gravemente vejatoria, tanto
por su texto como por sus silencios, al sostener que
el Gobierno Militar “impuso dolores inexcusables a
miles de chilenos”. Repite así la consigna marxista
consistente en culpar al Presidente Pinochet, a los
miembros de la Junta de Gobierno, a todos los ministros
militares y civiles, y hasta al último funcionario
público, por los actos delictuales que hayan podido
cometer personas concretas que actuaron a partir de
sus propias voluntades, individual o asociadamente.
Para Lavín, todo agente
de la Dina parece haber sido Pinochet; para Lavín,
todo carabinero descolgado parece haber sido miembro
de la Junta; para Lavín, todo civil integrante de
una asociación represiva ilícita parece haber sido
ministro del Gobierno Militar. Ha comprado así la
visión totalitaria con que la izquierda globaliza
actuaciones que fueron individuales y de las que deben
dar cuenta uno a uno los verdaderos responsables.
Al asumir esa mirada, ciertamente no es ajeno al clima
imperante en el país y en buena parte de sus tribunales,
pero no por estar esa opinión generalizada, deja de
ser falsa y vejatoria.
Tan grave como lo anterior
son dos silencios inexcusables. Por una parte, la
explicación del lado A del Gobierno de las FFAA y
de Orden. Lavín considera que él y su generación ayudaron
“a transformar Chile y a hacer de este país lo que
es hoy.” Linda frase, correcta, pero inaceptable si
no se dice a quién se ayudó: a miles de soldados,
marinos, aviadores y carabineros que consumieron sus
vidas durante 16 años y medio para salvar a Chile,
para cambiar a Chile. A ellos, parece que Lavín quisiera
dejarles sólo el lado B y quedarse con el lado A,
ese que reseñaba magistralmente en la Revolución Silenciosa,
por allá por 1987, cuando Lavín comprendía que el
alcantarillado, el agua potable, los subsidios únicos
familiares, las raciones alimenticias, las viviendas
dignas, la extraordinaria baja de la mortalidad infantil,
eran las demostraciones del modo en que el Gobierno
de las FFAA y Orden consolidaba los derechos humanos
de los chilenos más pobres y desamparados. Hoy, ya
no le importa, ya lo olvidó. Es el Silencio de la
Revolución que hicieron los uniformados a favor de
los derechos humanos.
El segundo de sus silencios
se refiere a las víctimas de las violaciones de derechos
humanos. Ni una palabra hay en el documento de Lavín
para plantearnos que lo que corresponde es determinar
también qué hacía cada uno de ellos los 15 días anteriores
a su detención y consiguientes maltratos o muerte.
¿Se encontraban o no muchos de ellos en preparación
o ya en fase de ejecución de actividades subversivas
o terroristas? Y, paralelamente, ¿cuántos miles de
delitos subversivos y terroristas que atentaron directamente
contra los derechos humanos de la población quedaron
amnistiados por la legislación aún vigente? Eso, a
Lavín no le interesa. De esa faceta de la Historia
quiere sacudirse.
Con estos sesgos históricos,
con esta mirada trunca, ni sus propios hijos terminarán
entendiendo el pasado reciente de Chile.
3. Las declaraciones eclesiásticas
Con la misma liviandad
anterior, Lavín se refiere al papel de las declaraciones
eclesiásticas del período, criticando que no se le
haya creído “incluso a instituciones que tanto respetamos
como la propia Iglesia.”
Un recorrido serio por
esas intervenciones le habría permitido a Lavín distinguir
que en algunas oportunidades hubo pronunciamientos
que interpelaron legítimamente la conciencia cristiana,
y reconocer entonces que mal puede él juzgar hasta
qué punto significaron obediencia y cambio en las
personas a las que estaban dirigidas. Pero, por otra
parte, olvida Lavín que en otras muchas oportunidades
algunos eclesiásticos incurrieron en una indebida
intromisión en las materias que son opinables para
todo cristiano y que algunas de esas intervenciones
afectaron seriamente la libertad de conciencia de
destacados partidarios del Gobierno Militar. Así sucedió
con el propio Jaime Guzmán, a quien tuvimos que defender
mediante declaraciones y gestiones de las amenazas
de excomunión que se habían dejado caer sobre él,
simplemente por sustentar determinadas posturas en
lo opinable.
Más graves aún, e indistinguibles
también para Lavín, fueron todas aquellas intervenciones
de organismos de confesiones religiosas que ampararon
terroristas, o de personeros eclesiales que, impregnados
de marxismo y de castrismo, incitaron persistentemente
a la lucha armada contra el Gobierno Militar.
4. Nosotros
El documento de Joaquín
Lavín nos pide reconocer responsabilidades. ¿A quién
se lo pide? ¿Quiénes somos nosotros? Nunca queda claro.
¿Tienen que reconocer responsabilidades el Presidente
Pinochet, los miembros de la Junta aún vivos, los
ministros y subsecretarios? ¿Todos los miembros de
las FFAA y de Orden del período, incluso los humillados
en procesos claramente contrarios a un elemental sentido
del derecho y de la lógica? ¿Tienen que reconocer
responsabilidades todos los funcionarios públicos
civiles que sirvieron en el Gobierno de las FFAA y
de Orden? ¿Los electores que votamos Sí en 1980 a
la Constitución y Sí en 1988 a Pinochet, es decir
el 67% y el 43% respectivamente de los sufragantes?
¿La actual centroderecha? ¿Sólo la UDI a pesar de
llevar más de 20 años denunciando actos concretos
de naturaleza reprobable?
Si Joaquín Lavín quiere
reconocer sus propias responsabilidades, que las especifique;
si quiere pedirles responsabilidades a los demás,
que determine a quiénes acusa y porqué.
5. Ellos
De nuestros rivales, Lavín
nos dice dos cosas. Primero, que han sido hábiles
para desvincularse de su apoyo a “los socialismos
reales… en que la violación de los derechos humanos
era cosa de todos los días”. Efectivamente, así lo
han hecho, pero a eso hay que llamarlo engaño histórico,
mentira elemental sobre el pasado y Joaquín Lavín
debiera sentir vergüenza de calificarlo como una habilidad,
sugiriendo así veladamente que nosotros debiéramos
usar procedimientos análogos. Si la izquierda jamás
he pedido perdón por haber llevado a Chile al borde
de un régimen totalitario, ¿la Centroderecha debiera
imitarla en esos procedimientos gramscianos de ocultamiento
de la verdad histórica?
Y, segundo, de algunos
de nuestros rivales Lavín afirma que compartimos con
ellos “valores y visión de futuro”. Con unos pocos
democratacristianos, qué duda cabe que es así, pero,
¿está afirmando Lavín que con socialistas, PPD, comunistas,
radicales, miristas y el resto de la DC, la centroderecha
comparte valores y visión de futuro? ¿De qué valores
compartidos y de qué futuro común está hablando? ¿En
qué Chile vive Lavín?
6. ¿En qué creemos?
De este modo titula Lavín
sus 10 recomendaciones finales. Es ciertamente un
decálogo interesante para el futuro. Pero con todo
lo que hoy a muchos nos divide de Lavín, en el presente
y respecto del pasado, es conveniente que esas ideas
queden en mejores manos. Así nos lo había anunciado
el propio Lavín.
Gonzalo Rojas Sánchez
Historiador
Director de la revista Realidad, fundada por Jaime
Guzmán E.
Santiago, 19 de octubre
de 2006
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